lunes, 20 de febrero de 2012

Gipuzkoa, la tierra prometida

Es verdad que las ideologías crean una serie de símbolos alrededor para reflejar su identidad ante la sociedad y crear símbolos comunes entre los que "cobijar" a sus militantes. Sabino Arana inventó la Ikurriña, la Iglesia la Cruz y Coca Cola tiñó de rojo a Papa Noël. Desde la caída del Muro de Berlín, la izquierda "extraparlamentaria" busca con ahínco renovar la URSS y Cuba. Por eso, cada vez que hay levantamiento ciudadano contra un Gobierno de derechas, se habla de "Primavera" y se traza una épica revolucionaria en la que la policía, "políticos" y banqueros se llevan están en el punto de mira y en el que parece todo va a cambiar, para no hacerlo.

Es evidente que lo que ha ocurrido en Egipto o en Libia poco o nada tiene que ver con lo que ha pasado en España con el movimiento del 15-M. Mientras en los países árabes se ha luchado por conseguir un modelo más justo y democrático, en el mundo occidental se procura retener lo que queda de Estado del Bienestar. Aun así, si cogemos el ejemplo egipcio y el español, nos damos cuenta de que tampoco es que los distintos movimientos hayan conseguido sus objetivos; sino más bien todo lo contrario.

En Egipto, la Junta Militar ha prometido dejar el poder el 30 de junio, pero durante su mandato ha reprimido brutalmente a los egipcios. Así, la ONU advirtió el pasado diciembre a los mandatrios egipcios de que pueden ser juzgados por "complicidad con crímenes graves". En España, a pesar de la fuerza de los "Indignados" el PP ha arrasado en las elecciones municipales y legislativas, tiñiendo de azul el mapa lo que le ha permitido tener la mayoría absoluta en el Parlamento. De esta manera, tiene carta blanca para plantear los recortes sociales que le parezca o para llevar adelante una reforma laboral contestada en la calle.

Esta paradójica situación tiene precedentes. Después de Mayo del 68, uno de los mitos revolucionarios de nuestros días, el gaullismo consiguió más del 40% de los votos emitidos en las elecciones legislativas de junio del mismo año. Por lo que se podría decir que las protestas lo único que hicieron fue legitimar de forma democrática un modelo de Estado que, en teoría, parecía lo contrario. Así que estas "revoluciones" o primaveras no han sido, en realidad, nada más que espejismos de que "otro mundo parece imposible".

La obra El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa trata con maestría cómo la aristocracia dejó el poder a los burgueses en Italia sin que realmente cambiase nada para el pueblo llano. Ahora, la historia parece repetirse; cambio de élites y "victorias morales" para los que se indignan. Por eso, cada vez que se habla de "PrimaveraValenciana" o de que "Otro Mundo es Posible", miro los resultados electorales para ver qué eligen los ciudadanos. Según parece, todo seguirá igual o, quién sabe, aún peor. De hecho, solo en Gipuzkoa fueron coherentes y ya veremos si les va mejor.


PD: Orain dela 9 urte Euskaldunon Egunkaria itxi zuen Del Olmo epaileak. Oraindik ez dute ezer frogatu, ezta Otamendik salatu zituen torturak errefusatu.

1 comentario:

QK dijo...

Pues sí, sí: no te quepa ninguna duda de que nos va mejor. Lo que ocurre es que aún hay que limpiar parte de la cochambre que dejaron los que estaban... >;D
Unos "desfases" que han encontrado en Bidegi, por ejemplo, muy en la línea de la llamada "gestión Guggenheim"... Olano sabrá algo de esto.