sábado, 30 de agosto de 2014

Una suave brisa en la oscuridad

Una suave brisa sopla entre los árboles y la oscuridad traga todo lo que encuentra a su paso. En la montaña, solo una luz hace frente a la noche mientras Fermín está sentado en su viejo taburete escuchando como cada noche la radio. No hay nadie más entre las cuadro paredes de piedra; solo Fermín, su radio y el lento crepitar del fuego que suenan como un susurro en el inmenso silencio de la casa. Unas veces conversan y otras simplemente escuchan al viejo transistor que les cuenta qué ocurre en un mundo cada día más extraño.

Es tarde ya y Fermín apaga la radio para dirigirse a la cama. La oscuridad engulle a su pequeño caserío que ya no se puede distinguir desde el mar. Tras poner el despertador a las 7:30, Fermín deja las gafas en la mesilla y mira fijamente una foto en blanco y negro mientras intenta recordar. Después, cierra los ojos y revive como cada noche ese viejo trozo de papel. Ahí está Fermín con sus amigos Martín y Pedro, a los que saluda efusivamente, y también está, aunque solo la vea por el rabillo del ojo, Margari. Está más guapa que nunca, con un vestido blanco con puntos azules y un pañuelo de colores que resalta sus ojos verdes y su brillante sonrisa. "No me sueltes nunca", le pide Margari mientras le acaricia la mano. "Nunca jamás", le contesta Fermín otra vez más mientras salen a bailar. Una pequeña lágrima asoma por su arrugada mejilla.

Como cada noche, una diminuta luz brilla en la montaña. Es la sonrisa de Fermín que revive otra vez más esa foto en blanco y negro e ilumina su solitario caserío con esos momentos guardados en un papel para no olvidar jamás que algún día él también fue feliz, mientras la radio le recuerda que su vida es solo una suave brisa que sopla entre los árboles en busca de paz.

viernes, 18 de abril de 2014

Para vivir así, mejor no vivir

Yo era un chaval normal. Acababa de terminar Derecho, estaba sin trabajo y un poco perdido. Lo que había hecho hasta ahora no me llenaba y decidí probar algo nuevo por lo que envié mi currículo a un bufete ecologista. Era algo diferente y que siempre me había llamado la atención. Tuve suerte y me cogieron para unas prácticas. Sin embargo, poco antes de empezar me ofrecieron un contrato en una asesoría. Me daban un buen sueldo y un buen horario. Lo consulté en casa. Me dijeron que me fuera a la asesoría, que allí tendría la vida resuelta y que si quería que ya salvaría el mundo en mis ratos libres. Acepté el consejo de mis padres y comencé a trabajar en la asesoría.

El trabajo que me ofrecían era sencillo: rellenar y revisar papeles judiciales. Nada complicado. La gente de la oficina era muy agradable y hasta tenía tiempo de coquetear con una secretaria rubia que se sentaba al final del despacho, justo al lado de la máquina de refrescos y con la que aprovechaba la mínima ocasión para hablar con ella. No tenía razones para quejarme: yo tenía un futuro, mis padres un quebradero de cabeza menos y la rubia una excusa para divertirse. Además, mi jefa estaba satisfecha con mi trabajo y me lo mostraba. De hecho, todos estaban contentos menos yo, que notaba que me faltaba algo. No sabía muy bien qué era, pero no era la primera vez que lo sentía. Notaba que los días se parecían los unos a los otros. Miraba por la ventana y los árboles cada vez me parecían líneas deformes. Las flores, qué idílicas ellas, eran en blanco y negro y no distinguía una suave brisa del aire del ventilador.

No sabía qué hacer. La idea de dimitir ni se me pasaba por la cabeza. Solo pensar en la cara de mis padres me daba pánico. Iba a ser una decepción para ellos que habían querido siempre lo mejor para mí. Qué decir de mi abuelo, que me consiguió la entrevista. ¿En qué posición quedaría ante sus amigos? Lo único que sabía es que para vivir así, mejor no vivir. Era una frase que se repetía en mi cabeza, pero que parecía demasiado solemne para que me la creyese. Sin embargo, todos los días me retumbaba hasta que un día vi la luz y decidí que para vivir así, mejor no vivir. Así, cogí una cuerda y me fui al puente de al lado de mi casa. Até un extremo de la soga a la barandilla y con el otro rodée mi cuello. Guardé en el puño la nota que había escrito a mis familiares y amigos para agradecerles los servicios prestados y me subí a la barandilla. Miré al vacío y me asusté. Pensé que estaba loco y quise dar un paso atrás, sin embargo, resonó en mi cabeza "para vivir así, mejor no vivir" y tomé la valentía suficiente como para pegar un saltito al vacío con tal mala suerte que hubo una mano que me cogió del brazo tan majestuosamente que consiguió agarrarme sin que la soga ni siquiera rozase mi cuello.

Después de aquello entré en conmoción. No recuerdo mucho, solo que vino una ambulancia y me llevó mientras gritaba y pataleaba "para vivir así, es mejor no vivir" y rogaba que me dejasen morir. Luego creo que me dieron un calmante o un puñetazo, no sé la verdad, y llegué al Sanatorio Mental desde el que escudriño la pequeña historia de mi vida mientras espero a que un psicólogo me diga si el problema lo tengo yo o el mundo. A decir verdad yo ya tengo mi diagnóstico: para vivir así, mejor no vivir. Doctor, déme una pastilla. Quiero dormir. Para siempre.

martes, 31 de diciembre de 2013

2013

Cada vez que termina un año me pongo nostálgico. Este año no es una excepción, pero creo que puedo afirmar sin rodeos que nunca había tenido tantas ganas de que acabase un año, porque 2013 ha sido un año horroroso. Empezó con un amigo que se iba a 8.000 kilómetros, continuó con otro que se puso enfermo y ha terminado con una gran pena. Espero que con los años, solo me quedé el mal recuerdo de aquella pesadilla que duró de abril a julio y que hoy solo es un mal recuerdo. Por suerte, todo tiene su vuelta y quiero pensar que esa gran pena se convertirá en una lección y florecerá en una bonita amistad. También espero que ese amigo que solo vuelve por Navidad acabé pronto en Bilbao. Afortunadamente el otro está curado.

Ahora solo queda que mi amigo Martín encuentre su sitio en el mundo. Le veo demasiado metido en el suyo y creo que no es bueno. Es verdad que tiene altibajos, pero esperemos que 2014 le dé esa fuerza que necesita para cambiar y empezar a cumplir alguno de sus sueños. Aún estoy transcribiendo aquella entrevista que le hice hace un tiempo y espero terminar pronto para que pueda organizar sus pensamientos de tal manera que los nudos que tienen en su mente se liberen. Como siempre, sigue sin resolver su contradicción principal. Sin embargo, dice que no va a tirar la toalla, que va a luchar y seguir creciendo. Quiere ser feliz.

En fin, otro año más que se escapa con mil recuerdos diluidos en el tiempo. Es verdad que en 2013 también ha habido buenos momentos, como fiestas de Romo o cuando nos hemos juntado todos en Santo Tomás. No me puedo olvidar de cuando subí al Gorbea o de que tengo el EGA ni de que simplemente que tengo qué comer, dónde dormir y una buena familia y grandes amigos.  A 2014 solo quiero pedirle salud, alegría y que haya más buenos momentos para los míos y los no míos (ya sabéis, la puta crisis...). Es verdad que nosotros hemos terminado el año en Champions, no solo el Athletic; sino "nosotros", y creo que es un buen momento para agarrarnos a esa buena racha y continuar juntos con esa inmensa alegría que tuvimos aquel 18 de julio. Todos tenemos derecho a ser felices. Por último, querría hacer una confesión que se convierte en deseo: todas las nochebuenas y nocheviejas llevo a mi amama de vuelta a la residencia y cuando la dejo solo pido una cosa: "que esta no sea la última vez".

Urte barri on danori!!! Feliz año nuevo a todos!!!

PD: No quería acabar este artículo sin acordarme de la que durante muchos años fue nuestra casa; Agur San Mamés!!!

PD2: No quiero olvidarme de una persona que desde enero vive de lunes a jueves a 500 kilómetros y que quiero que durante 2014 encuentre trabajo en Bilbao. Sí, hablo de ti. Te esperamos en Euskadi.
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Una película: Hook 

Una canción: Gezur bat mila aldiz (Berri Txarrak) 

Un libro: Le mythe de Sisyphe (Albert Camus) 

Un disco: "Eitx" 

Un mes: 18 de julio y la noche del 21 al 22 de agosto 

Afición: Ir a San Mamés

Un concierto: Rammstein en el BEC y Willis Drummond en Fiestas de Bilbao

Una frase: "Es lo que hay"


martes, 29 de octubre de 2013

Perder la virginidad, todo un arte

La verdad es que la vida no para de sorprenderme. No pasa un día en el que no descubro algo que no me descoloque. Por ejemplo, hace un tiempo descubrí que el "crowfonding" es la manera guay de llamar al anticuado "pasar la gorra". También aprendí que en lugar de ir a correr hacía "jogging" o que bucear con un tubo es hacer "snorquelling". Y yo con esta barba de naúfrago que ahora se llama "hipster". Y encima está de moda.

Tenía razón Forest Gump cuando decía que la vida es como una caja de bombones en la que no sabes cuál te va a tocar. Esta mañana he probado un bombón que decía que perder la virginidad también puede ser una "perfomance". En una época en la que todas las mujeres son modelos, ¿por qué no convertir todo en arte? Si en un museo se puede colgar un cuadro con un fondo blanco, llegar al club de los "machotes" también puede ser digno de exhibir en una galería de arte. Y no solo eso, también se le puede poner nota. Como los grandes. Que continúe el show.

No voy a ponerme purista con qué es arte o con qué no lo es. Haría el ridículo. Aun así, creo que perder la virginidad no es un arte; sino algo tan normal como la primera papilla.  Es verdad que pintar todos pintamos y que algunos lo convierten en arte. Por eso, animo a Pettet a que componga una coreografía o se pinte el pene de tal manera que cuando esté erecto lleve algún mensaje o, yo qué sé, alguna pintura con un efecto visual llamativo. O a que la primera vez saque más de un cinco. Eso sí que sería arte.

jueves, 12 de septiembre de 2013

"Hutsaren hurrengoa"

 Ayer volví a ver a Martín. A decir verdad, no esperaba verle tan pronto y he de admitir que esperaba que siguiera con buenas noticias. Quería verle sonreír porque sabía lo que había sufrido y merecía estar contento. Es verdad que nada es para siempre, pero no se puede vivir de problema en problema. Lamentablemente, a Martín no le ocurre así. Quizás haya quién piense que él se los busca, en parte lo creo así, sin embargo, no creo que lo haga de mala fe. En realidad, pienso que por seguir sus principios se mete en este tipo de líos y que muchas veces "de bueno es tonto". 

Me contó Martín hace un tiempo que había conocido a una chica. Me dijo que le parecía atractiva en todos los sentidos, pero que le volvía loco -- en el sentido literal-- por su carácter. "No es mala chica", mascullaba entre dientes tras un largo silencio. "Creo que está perdida" proseguía. En la mirada se le veía cansado y perdido y sus palabras así lo corroboraban. Admitía que la chica no actuaba de mala fe, pero que él se sentía "hutsaren hurrengoa" (el último mono) porque cada vez que quedaban, ella tenía que hacer otras cosas y no aparecía. "Entiendo que en la vida tenga prioridades y que la mayoría de las veces que no ha podido quedar haya sido por razones de peso, pero yo no me siento valorado", relataba amargamente. "Y si este es el principio, no me quiero imaginar cómo será después", remataba entre suspiros. Pobre Martín.

Según me contó, no sabía si debía cortar por lo sano o seguir probando. "En caliente no quiero saber nada, pero en frío me vuelvo un blando y le doy una nueva oportunidad", lamentaba. "No quiero seguir sufriendo, no merece la pena", suspiraba. Sin embargo, señalaba que estaba seguro de que ella estaba interesada en él, ya que muchas veces le proponía alternativas que él desechaba, pero le molestaba quedarse excluido. No quería tampoco hacerla creer que era la persona más especial de la tierra, pero sí que merecía el mismo respeto que todos los demás. 

Me confesó también que quería seguir el consejo de una amiga, Candelaria, que le pidió que fuera honesto consigo mismo y que ello marcara el límite. Martín quería hacerlo, pero su empatía le decía que la chica no quería hacerle daño; sino que ella era así y las circunstancias crueles. Martín sabía que estaba en una encrucijada, que si seguía con ella iba a sufrir más, pero no se veía con la suficiente fuerza como para mandarle a paseo y tenía la esperanza de que las cosas pudieran ir bien. Así, me comentó "difícil es la vida del hombre que se rige por sus principios. A veces preferiría no pensar; sino sentir y actuar. Por desgracia, yo soy de los que les dan vueltas a la cabeza y por eso sufro, no sé si más que los demás, pero sí más de que lo debería. Tengo que desconectar". Así se fue, cabizbajo, cavilando sobre su futuro. 

¿Qué puedo decirte Martín? Sé que quieres conocer el amor para resolver tu contradicción principal y sentirte seguro, pero no puedes hacerlo a cualquier precio. La vida nos pone obstáculos y hay que superarlos, a ti te ha tocado esta chica que te atrae. Solo te pido que recuerdes a Ulises y las sirenas. Luego tú decidirás y todos estaremos contigo. Ojalá te vaya bien amigo, creo que te lo mereces después del año que has pasado. Espero que, por fin, puedas redondear un año y dar salida a un futuro más estable y feliz. 

jueves, 22 de agosto de 2013

La alegría de Martín

Hacía mucho que no tenía noticias de Martín. Lo último que supe es que estaba aún anclado en dolores del pasado. Me lo dijo y yo lo escribí, porque sabía que Martín me lo agradecería tarde o temprano. Ha pasado un año y me ha vuelto a hacer una confesión y yo -- que antes me dedicaba al periodismo -- tengo que dar parte de ella porque, como bien sabe él, hay a gente a la que le importa qué le sucede a Martín.

Sorprendentemente, esta última confesión me la hizo con una sonrisa. No era una de esas sonrisas irónicas que tratan de esconder un dolor profundo; sino una sonrisa de alguien que ha encontrado un momento de felicidad, de una persona que ha liberado toda su rabia. Me dijo "tenía un amigo enfermo y hoy lo he visto recuperado. Estaba como antes: había vuelto. Es la primera vez que lloro de alegría". No podía caber en mi gozo, ya que normalmente las confesiones de Martín suelen ser tristes. Nunca le había visto contar a alguien que estaba feliz. Me equivoqué cuando pensaba que los amigos solo se cuentan los malos tragos y que los buenos se disfrutaban sin pensar.

Es verdad que luego me contó algo de una chica, que si había conocido a alguien que le atraía, pero que no les iba bien. Algo así me dijo. La verdad es que no le hice mucho caso. Pensaréis que soy un insensible o un mal amigo, pero la sonrisa de Martín, una de esas que va de oreja a oreja, me transmitía que esa chica era algo secundario comparado con su recuperado amigo. Quizás me equivoque, pero creo que les irá bien o, por lo menos, Martín sabrá que no sufrirá tanto porque tiene una alegría tan inmensa que no le cabe en el pecho. Te lo mereces Martín.

Hasta la siguiente, amigo.

lunes, 19 de agosto de 2013

Complicados

No entiendo por qué nos complicamos las cosas de maneras absurdas. Es difícil de explicar la razón por la que cuando varias personas quieren hacer la misma cosa, va y se tuerce como si a nadie le importase nada. Son situaciones que no tienen ni pies ni cabeza, pero que lamentablemente se repiten, haciéndonos daño y haciendo daño a los demás.

Lo importante es la prevención, es la mejor manera de evitar muchos males. Sin embargo, es difícil distinguir entre esconderse y prevenir, porque si no arriesgas no ganas, pero si arriesgas puedes acabar mal y a muy poca gente le gusta eso. Bueno, hay que matizar que hay a quien le gusta hacer daño, ya sea por vanidad o por complejos (o las dos).

En fin, jodienda vida que nos complicamos por Dios sabe qué. El problema añadido es, además, que somos el único animal que tropieza nosécuántasveces en la misma piedra. Y es que somos como somos; somos así: complicados. Qué dura es la tranquilidad. Qué difícil es tener paciencia.