martes, 31 de diciembre de 2019

2019: El año que conocimos a Garitano


Se van los 30 y empieza la treintena.

Martín está contento con Gaizka Garitano. Dice que quizás no proponga el juego más vistoso, pero sí el más efectivo teniendo en cuenta qué equipo tiene. Es una lección extrapolable a otros ámbitos de la vida, uno debe saber lo que tiene y jugar con ello. Cuando no sabes atacar lo fundamental es defender bien, todos juntos y sin dejar espacios. Siempre te pueden colar un gol, pero no te vienes abajo. Te conoces y sabes que si haces las cosas bien, es probable que salgan bien. La radio es un ejemplo: después de un montón de años escribiendo le han llamado para participar en un programa. Martín disfruta mucho y piensa en el futuro, porque todo el mundo sabe que una puerta puede abrir otra y hay llaves que abren muchas cerraduras; una de ellas el trabajo bien hecho.

El camino hasta la radio no ha sido siempre fácil, pero sí sido instructivo y divertido. Tras horas y horas de lectura y escritura; de crítica y autocrítica, sus artículos e intervenciones han ido pareciéndose a cómo es él. La receta ha sido sencilla: explotar sus recursos y corregir sus taras, nada de otro mundo. Gracias a ello, Martín tiene un estilo reconocible. También fuera de la radio. Uno recibe lo que da y eso se ve en los detalles. Por eso, ahora le toca pensar en ser más ambicioso, en meter goles. Eso sí, sin ideas es difícil construir nada y ese debe ser el objetivo de 2020. Vivir de no hacer aguas te condena al empate, fuera de San Mamés lo hemos visto muchas veces, y eso, en un mundo tan competitivo como el nuestro, te deja fuera de muchas cosas.

Mientras hablo con Martín, se agota 2019 un año con un montón de recuerdos. Ha sido el de los 30, American Pie, la despedida asturiana y la “boda gitana” con gol de Aduriz y Mari Jaia, Zarautz y Santo Tomás, pintxopotes varios y variados, todo tipo de conversaciones, fiestas de la calle 2 de mayo, desfases varios y otra boda. Se ha terminado Berri Txarrak (¡nos hacemos mayores!), ya no queda nadie en Madrid, se ha quemado Notre-Dame, han nacido algunos y han muerto otros y la mayoría nos mantenemos en buena forma. He aprendido a hacer carteles y me han quitado una verruga feísima detrás de la oreja. Casi nada.

Quedan algunos debes, pero nadie es perfecto y, además, este año no da para más. A estas alturas del partido, sólo nos queda mirar al 2020 y pedirle lo de siempre: salud, buenos momentos y seguir creciendo.

¡El flequillo vive, la lucha sigue!

¡¡¡Feliz año nuevo!!! Urte barri on!!!

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Una película: Full Monty (Petter Cattaneo)

Una canción: Deadly Valentine (Charlotte Gainsbourg)

Un libro: El Hermano mayor (Eugenio Ibarzabal)

Un disco: Batzen- Beti Mugan (1992-1998)

Un mes: 13 al 19 de agosto

Afición: Hacer el indio

Un concierto: Berri Txarrak Kobetamendi/ Raphael en Miribilla

Una frase: “A partir de las 2 sólo bebí agüita”



domingo, 22 de diciembre de 2019

Que se te declaren


Cuando alguien se te declara sabes que algo se va a romper. Todo va a cambiar desde entonces, y seguramente no será para bien. No es como si alguien te dice que va a ser padre y que le guardes el secreto. En ese caso, siempre queda sitio para el disimulo por muy ridículo que sea; ese “circulen, circulen que aquí no pasa nada”, a pesar de que la madre de la criatura tenga una tripa en la que quepan tres. La amistad lleva a caminos disparatados, hasta a negar la realidad aunque rompa aguas.

El problema cuando se te declaran es que tiene que ver contigo. Es un secreto que te ata sin quererlo y por sorpresa, sobre todo, si no es correspondido. Es un peso que te han adjudicado y que crece cada vez que os cruzáis, porque todo son miradas cómplices, sudores fríos y hasta alegría, con un “entre tú y yo” resonando en tu cabeza. Te llenas de dudas, piensas en por qué no te gusta y en que sentirse deseado está bien, pero ser correspondido mucho mejor. El mundo sería un lugar más feliz si cada amor fuese correspondido, siempre y cuando a ti te tocase la persona que deseas.

Por eso, siempre he tenido miedo a que me venga alguien y me diga “eres mi novio”, tiene que ser lo más parecido a sentirse un objeto perdido. Que se te declaren es algo similar, porque también es algo de lo que no puedes libertarte hasta que la otra persona lo quiera. Serás el que le gusta hasta que otro os separe. Tengo un amigo que dice que hay que declararse, pero procurando hacerlo bien. Yo no sé. Sólo sé que asumir el peso de la verdad con discreción es un símbolo de madurez. El problema es que contarlo es mucho más divertido, y ligero. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta fardar de vez en cuando?

domingo, 3 de noviembre de 2019

Dime si a ti también te ocurre

Siempre he pensado que cuando te mueres hay un fundido en negro y aparecen los créditos: padres, hijos, amigos, localizaciones, agradecimientos y demás. También imagino que luego existen varias opciones, como si fuera un DVD, y una de ellas sería mirar las estadísticas: cuántas horas has dormido, cuántos pantalones has tenido, el número de kilómetros andados, los goles metidos clasificados entre el parque, el patio o el campo de fútbol. Estoy seguro que después de asustarme de los litros de cerveza que he bebido o los tacos que he dicho, miraría las estadísticas más raras: horas tumbado en el sofá, kilos de espaguetis ingeridos, veces que me han despertado a gritos o número de eructos escuchados. Parece una tontería, pero últimamente es algo que me preocupa. Hace poco, mientras salía del gimnasio, me crucé con un señor que me eructó en la cara. Nos cruzamos a la salida y no perdió la oportunidad para saludarme de forma tan pintoresca. Fue sonoro, amplio, potente; parecía que se le iba a saltar la dentadura. Casi le felicito, por no decirle algo más feo. Un eructo en el momento adecuado puede ser algo gracioso y este señor lo convirtió en algo grotesco.

No ha sido el último, ni el primero este año. Otra vez, hace no mucho, un vecino empezó a eructar por el patio. Fue todo un espectáculo sonoro, y sin censuras. No había rastro de sus padres y el chaval aprovechó para entregarse a su pasión. Sacó todo su repertorio. Yo estaba epatado en la cocina y viendo su entusiasmo empecé a animarle, hasta tal punto que en cierto momento no sabía si antes iba a pedirle un bis o el chaval acabar vomitando. Ahora me da vergüenza admitirlo, porque es terrible que alguien maduro se ría de estas cosas, pero me hizo gracia. Esa es la magia del eructo, que es tan infantil, espontáneo y absurdo que lo tiene todo para triunfar. Si nos pusiéramos pedantes, y no voy a perder la oportunidad de hacerlo, podríamos afirmar que es rudimentario, zafio y contracultural. Es un fenómeno rompedor, puro y natural, que sale de muy adentro, que “huele a tierra”, sobre todo, a lo que hemos comido de ella. También es una cerdada inmadura, asquerosa y de mala educación, pero eso mejor lo dejamos para otro día. Hoy estoy preocupado porque me eructan mucho, y muy cerca, y me gustaría saber si es algo habitual. Por quedarme más tranquilo y tomármelo a risa; por si tengo que empezar a preocuparme porque vivo rodeado de guarros.

viernes, 25 de enero de 2019

Un regalo muy especial


Todo empezó un día de diciembre. Estaba tranquilamente en casa cuando alguien tocó a la puerta. Era un señor muy bien vestido. Se presentó como Gabriel y dijo que era un ángel muy famoso. A mí no me sonaba, pero le dejé pasar. “¿No me conoces?”, me preguntó. “¿De verdad?”, volvió a inquirir. “No, ¿qué quieres?”, le contesté aguantando mi mala hostia habitual. “Vengo de parte de una persona muy especial”, me dijo. Alguien me había enviado un stripper cutre o a un testigo de Jehová para tocarme las pelotas.

- Alguien quiere hacerte un regalo muy especial, pero no puedo decirte quién.
- ¿Cuál si puede saberse?
- Quiere devolverte tu virginidad.

En ese momento pensé que me estaban tomando el pelo, pero me dio un dato que me hizo saber que hablaba en serio. Sabía que siempre he defendido que a caballo regalado no le mires el diente.

-¿Y duele?
- El día 25 sólo te sentirás más limpio.

Pasaron los días y llegó la mañana Navidad. Aquel día me levanté más ligero, como si hubiera perdido un peso de encima. Me miré al espejo, pero seguía igual que el día anterior. “Va a ser que tenía razón el viejete ese”, pensé. Salí a la calle y todo parecía distinto. Era como si tuviera un mundo por descubrir, como si el mundo fuera más dulce. Yo nunca había follado mucho, pero esto era diferente. Era como si de golpe me hubieran puesto un montón de feromonas encima. Me subía por las paredes. Era horrible. A la tarde no tuve más que confesárselo a un amigo.

-¿Qué vas a hacer con ella?
- Pues no sé. Me pasa como cuando te regalan un viaje, quiero irme ya, pero también quiero elegir bien el destino y la fecha.
- ¿Vamos a mi casa y te lo quito de golpe?


lunes, 31 de diciembre de 2018

2018: el año en el que nevó en Bilbao


“Cuando todo funciona razonablemente bien es fácil quejarse al primer sobresalto y entregarse al drama. Lo complicado es buscarle solución y seguir disfrutando de la vida.” (Oído por ahí)

Si Martín tuviera que hacer un balance de 2018 sería positivo, al igual que ocurre desde 2015. “Me caigo bien y hago lo que quiero” me comentó tomando algo. Acaba de cumplir su primer año fuera de casa, tiene una gran familia, buenos amigos y goza de salud. Aunque está satisfecho, sabe que, como cualquiera, tiene qué mejorar: “ha habido momentos donde lo he pasado mal, pero nada terrible”. Está tranquilo y sabe que con esfuerzo lo conseguirá: “no me pongo plazos, pero ya estoy soñando con cómo quiero ser en un futuro”. El año que viene será especial, porque vienen los treinta. “Mentalmente ya los he cumplido, no hay trauma”. Parafraseando a mi amama, “no me importa que me pregunten por mi edad, me preocupa dejar de cumplir años”.

El que se va es este año que deja un montón de buenos recuerdos: las finales de rugby, Zapato Azule, la boda de Marbella, Hondarribia, Aste Nagusia, las fiestas de Lekeitio, la primera en París, Euskaraldia, barbacoas, juergas excursiones, pintxopotes y desbarres varios... “Me lo he pasado muy bien y, encima, he cumplido tres sueños: ver Bilbao nevado, sacar el C2 y aprender a cambiar barriles de cerveza. Desde entonces me siento más viril.” Antes de irse le pregunté por los deseos para 2019: “salud, buenos momentos, seguir creciendo, que la de Madrid vuelva y ¡que el flequillo nos aguante!”. Que así sea, lo veamos y lo disfrutemos. ¡Nos vemos el año que viene!

Urte barri on danori!!! ¡¡¡Feliz años nuevo!!!!

Oh: iaz ez nendun laburpenik idatzi, baie akorduan zaitugu!

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Una película: Apocalipse Now (Francis Ford Coppola) 

Una canción: Little Dark Age (MGMT) 

Un libro: Dominique, artzain xiberutar bat Nevadan (Robert Laxalt, Xabier Mendigurenek itzulia)

Un disco: Ez entzun! (Zazkel)

Un mes: 18 de agosto al 16 de septiembre

Afición: Tumbarme en el sofá

Un concierto: Berri Txarrak en el BEC 

Una frase: “Eso es pensamiento mágico”

jueves, 20 de diciembre de 2018

Obsesionado con el ascensor

Al Schindler D-3587, por si las moscas 

Creo que el ascensor se ha enamorado de mí. Siempre me espera en el rellano, habla con voz seductora y me saca guapo en el espejo. Vivo en un quinto y ha llegado un punto en el que no paro de pensar en él. Es como cuando conocí a una chica llamada Begoña. De repente, empezaron a salir Begoñas por todos lados. Me daba la vuelta y aparecía una. Ponía la televisión y salía otra. Era una cosa terrible. ¡Todo el mundo conocía a alguna! Al final, caí y tengo miedo de que me ocurra lo mismo. Es grave enamorarse de una chica que no te gusta, pero, ¿de un ascensor? Eso tiene que ser aún peor. ¿Cómo me miraría la gente? ¿Qué les diría a mis padres? ¿Y él a los suyos? 

 Esto me recuerda a cuando empecé a perder pelo. Veía mechones por todos lados y,¡hasta los contaba! Por calle solo me cruzaba con gente con melena. Eran largas, tupidas, con un flequillo envidiable, como el que yo perdía. Tras unos meses deprimido, me di cuenta de que una cosa es que te crezca la frente y otra ser calvo. Ahí cambió todo y me convencí de que el mundo no conspiraba contra mí; sino yo contra él. Quizás ahora ocurra lo mismo y el ascensor esté programado para ser agradable, tenga horarios parecidos a los de los vecinos y el guapo sea yo. Es lo más razonable, pero por si acaso seguiré sonriéndole todas las mañanas, no vaya a ser que me deje encerrado, empiece a contar mis pelos y acabe acordándome de Begoña.

lunes, 19 de noviembre de 2018

La sonrisa de Martín


El otro día Martín me tocó al portal. Por fin había hablado con la chica. Debió ser una conversación muy fructífera, porque no paró de hablar durante todo el paseo. Se dio cuenta de que se la había metido con sacacorchos, aunque se quedó con las ganas de quedar con ella. “Soy un cabezón”, me confesó. Casi le abrazo. Llevamos un montón de años repitiéndoselo y ha tenido que verse en el espejo para darse cuenta. Luego me dijo que era por sus inseguridades. “Hablando con ella, sentí como si hubiera cogido un atajo y hubiera llegado al fondo de mis problemas”. “¿Qué quieres decir con eso?” le pregunté. “Que es la hora de que me enfrente a mis inseguridades, hoy y ahora”, zanjó. Lo afirmó seguro, “tengo ganas y voluntad, ahora sólo falta paciencia y acertar, lo voy a conseguir”.

Durante el tiempo que estuvimos le noté bien, tranquilo, aunque me decía que alternaba ratos tristes. “Me da pena que no haya salido, me cuesta mucho conocer a chicas así”, se lamentó. En esos momentos le venían recuerdos, recientes y antiguos, y todos tenían un patrón: se sentía seguro. “Ese es el objetivo”, añadió. Martín sabía que el proceso iba a ser largo. Ahora estaba en un momento más bajo, pero sabía que con paciencia y tesón vendrían los ‘altos’. También me confesó que echaba de menos sentirse deseado, “a todo el mundo le sube la moral”. Antes de irse dejó una última reflexión: “tengo una vía abierta, pero para saber si quiero cerrarla o embarcarme, antes tengo que estar seguro de mí mismo”. Hablaba de tener pareja. “¡Tantas vueltas para volver a los 15años!”, le contesté entre carcajadas. Y así nos despedimos. Yo me fui a casa y él a seguir con el paseo. Cuando nos separamos pensé que algo había cambiado en él, ahora sonríe.