jueves, 6 de noviembre de 2008

La globalización en la política

Hace unos días leía en el blog de internet Gipuzkoatik que los guipuzcoanos conocían más a Barack Obana que a Markel Olano, presidente de la Diputación de Gipuzkoa (algo así como el presidente de la provincia). Algo que no me extrañó lo más mínimo. La proporción en la que aparecen nuestros dirigentes en la televisión, el medio con más seguimiento, es mucho menor que la proporción en la que parece Obama. En las últimas elecciones estadounidenses parecía que nos jugábamos el futuro. Los informativos estaban todo el día arriba y abajo con lo que había dicho el uno o el otro o las estimaciones de voto o reportajes especiales. Hubo un despliegue mucho mayor que en cualquier elección. Además, la gente hablaba de ello sin parar, hasta parecía que las votaciones ocurrían aquí. A veces se podía llegar a pensar que iba a ser nuestro presidente. La ciudadanía estaba volcada con el demócrata y ayer, el día de su triunfo, la gente no hacía más que congratularse por ello. Pocas veces he visto a la gente tan involucrada con unas elecciones que este año con las estadounidenses. Internet, el medio en auge, tampoco se ha quedado corto. Todas las páginas web que se dedican a la actualidad mundial tenían algo referente a las elecciones estadounidenses. Y cuando digo “algo” no me refiero a cuatros líneas en una esquina, si no a muchos artículos, reportajes y noticias sobre la campaña y el desenlace de esta. Era casi imposible abstenerse ya que por todos lados aparecía algo sobre Obama o favorable a él. Es el nuevo icono mediático y parecía el nuevo Mesías. Esto me parece preocupante: se da más importancia a lo que ocurre a miles de kilómetros que a lo que ocurre aquí.

Esta encuesta no desvela nada nuevo. Desde hace años vivimos a la sombra de lo que ocurre en la superpotencia mundial y nos olvidamos de qué aquí también vivimos. Pensamos que lo que ocurre a miles de kilómetros nos atañe más, sólo por el hecho de que conocemos a sus actores y porque nos lo ponen a todas horas por la televisión. Por ejemplo: todo el mundo conoce la mentira de las bombas de destrucción masiva o la guerra contra Afganistán. No obstante, pocos saben qué factor juegan las Diputaciones Forales o qué es la fusión de cajas. Por no hablar de los proyectos como el Tren de Alta Velocidad, sólo se conoce el recorrido, o el super-Puerto de Pasaia o planes del Gobierno Vasco sobre vivienda o juventud. Sólo conocemos la superficie, como mucho, y no han derrochado tanta tinta como la elección del presidente de los Estados Unidos. Es cierto que es el presidente de la primera potencia del mundo, pero es también cierto que hay que saber vivir aparte, aunque su mandato nos rebote. Estamos en una época de crisis económica y las medidas que tome pueden ser importantes para nosotros, no obstante, si nos pasamos mirando a qué hace nos hundiremos en la miseria. Porque los medios nos muestran mayoritariamente qué ha ocurrido en Estados Unidos. Nos pasamos horas y horas escuchando que Lehmann Brothers ha quebrado, pero no nos explican que aquí los bancos funcionan de manera diferente. No nos hablan apenas de recesión económica, sólo se oye que hay paro en aumento pero no se da publicidad a las medidas del Gobierno y las Diputaciones. Tampoco nos explican que en una economía global como la nuestra, lo que hagan los gobiernos es bien poco porque el capitalismo neoliberal es incontrolable. Que el Estado apenas interviene y que el mercado se autorregula y que eso ocurrió gracias a los Estados Unidos.

Somos el fruto de una información superficial. Sin reflexión. Tenemos unos medios que nos merecemos. Unos medios que premian la imagen ante el mensaje, que crean iconos a los que desviar toda la información. Sin noticias locales o provinciales, sin crónicas sociales o reflexión política, con unos debates que muchas veces parecen peleas barriobajeras, con periodistas que no saben explicar ni conocen el tema que abordan, sin especialización ninguna y sobre todo interesada. Nos obligan a estar con uno o con otro, sin explicar, simplemente posicionándose, mintiendo u obviando información. Jugamos a ser maniqueísta sin ni siquiera intentar ser objetivo u honrado. Es la época de la globalización en la política: lo grande come a lo pequeño, lo internacional come a lo local, somos los buenos o los malos. Sin contrastes. Los vascos nos identificamos más con Obama que con Ibarretxe y votaremos, en muchos casos, según quien se parezca más al senador de Illinois. Sin reflexionar sobre el pasado o a quien representan. Es la era de la imagen y el fondo es secundario. No importa tomar una decisión u otra, si no aparentar que es la correcta.

1 comentario:

Nerea Alonso dijo...

Jon, escribe sobre lo que hablamos, lo de participar y moverse. No me digas que lo haga yo porque a mí no me lee nadie nadie. Please!